Biomasa, energía para el medio rural

La biomasa se define como la “materia orgánica originada en un proceso biológico, espontáneo o provocado, utilizable como fuente de energía”. En la práctica, esto se traduce en un recurso que permite convertir la materia orgánica de campos agrícolas, leñosos y herbáceos, residuos de industrias forestales y agrícolas y cultivos energéticos (destinados específicamente a este fin) en energía utilizada con aplicaciones térmicas (calefacción, refrigeración, producción de agua caliente en los hogares, calor para procesos industriales), para la generación de electricidad o para el transporte.

Pues bien, de lo que ha venido a advertir la AEMA es del impacto medioambiental que causa una actividad que requiere de la utilización de amplias extensiones de terreno, cuando "la biomasa forestal y el suelo productivo son recursos limitados que forman parte del capital verde de Europa”. Las renovables también implican riesgos ambientales, aunque en este caso concreto se abren oportunidades de empleo y actividad en zonas rurales y con amenaza de abandono.

Retraso y potencial en España

La aportación actual de la biomasa representa un 10 por ciento de la producción mundial de energía y, de acuerdo con las previsiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, se espera que a lo largo de este siglo alcance entre el 25 y 46 por ciento, es decir, hasta casi la mitad de la energía que se produce.

España ocupaba en 2010 el sexto lugar en la UE en cuanto a producción de energía primaria a partir de biomasa sólida medida en “tep” (tonelada equivalente de petróleo) por detrás de países como Alemania, Francia, Suecia, Finlandia y Polonia. Sin embargo, la producción por habitante nos hace bajar varios escalones y nos sitúa en el puesto 18, con una tasa de 0,103 tep/hab inferior a la media de la UE (0,158) y muy alejada de Finlandia, a la cabeza con una tasa de 1,435 tep/hab (datos de Eurobserv´ER 2011).

En cuanto a producción bruta de electricidad con biomasa sólida, España ocupaba el décimo puesto en la UE, a mucha distancia de los mayores productores. Situación de retraso que contrasta con la abundancia de recursos primarios en nuestro país, que tiene un importante potencial para aprovechar tanto residuos forestales y agrícolas como cultivos energéticos.

De acuerdo con el informe Eurobserv´ER, la biomasa sólida era el sector de energías renovables que presentaba el mayor número de puestos de trabajo en la UE en 2009, casi un tercio del total. Con independencia de los riesgos ambientales, que necesariamente hay que tener en cuenta, la producción de biomasa ofrece una serie de ventajas y oportunidades imprescindibles para la supervivencia del campo y el entorno rural.

Ventajas para el campo

Los expertos destacan que el aprovechamiento energético de la biomasa sólida favorece el desarrollo rural y reduce las desigualdades entre territorios, al generar un impacto favorable tanto en el tejido industrial como en el volumen de mano de obra en el entorno rural. De esta forma, ayuda a mitigar el abandono del mundo rural, favorece el desarrollo sostenible de los recursos naturales renovables y reduce la presión sobre recursos naturales no renovables. Una segunda fuente de ingresos para las industrias agrícolas y forestales que, a su vez, supone el desarrollo de infraestructuras y servicios en áreas rurales, como carreteras, centros educativos o áreas de salud. (Del informe “La biomasa en España: Una fuente de energía renovable con gran futuro”. Emilio Cerdá).

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En el plano del cambio climático y la contaminación de ámbito local se puede destacar de esta actividad que reduce la quema de residuos agrícolas y forestales, el volumen de los que van a parar a los vertederos, la erosión y la desertificación. Que contribuye a la limpieza del monte, a la regeneración natural y al crecimiento y calidad de las masas forestales, que facilita el desarrollo de planes de silvicultura sobre montes arbolados y matorral, mejora el estado fitosanitario de los montes, reduce el riesgo de plagas y contaminación ambiental y, aspecto de suma relevancia, disminuye el peligro de incendios y facilita su extinción.

A mayores, genera una nueva fuente de ingresos para los propietarios forestales, posibilita un mejor cuidado y gestión de los montes, permite rejuvenecer bosques degradados, proporciona a los agricultores la posibilidad de diversificar el uso de sus terrenos y les abre la puerta a un mercado más amplio para sus productos. Pero…

Riesgos ambientales

… El uso de la biomasa como fuente de energía conlleva riesgos relativos al cambio en el uso de la tierra, por ejemplo, de bosques viejos a bosques para cultivos energéticos, lo que supone una pérdida de biodiversidad. También podemos citar la pérdida de calidad de la tierra, la degradación de los hábitats de agua o el peligro de dejar en la tierra una cantidad insuficiente de residuos. Entre los aspectos sociales, se cita la posible pérdida de usos recreativos en los bosques o el aumento en las diferencias de renta en comunidades locales.

La Agencia Europea del Medio Ambiente advierte de la creencia extendida de que la producción de biomasa no genera emisiones contaminantes y apunta que la conversión de antiguos bosques en campos de cultivo no compensa el C02 que absorben las cosechas en su crecimiento. Así las cosas recomienda ampliar la variedad de cultivos dedicados a la obtención de bioenergía, así como potenciar la reforestación para reducir el impacto medioambiental y ayudar a la prevención de inundaciones y filtraciones de agua.